“La vida es un libro del que, quien no ha visto más que su patria, no ha leido más que una página” Filippo Pananti, poeta italiano.

Guarda do Embaú se sitúa en el estado de Santa Catarina, en el municipio da Palhoça. Con unos 400 habitantes la mayoría pescadores, surfistas y artesanos, en temporada se entremezclan con los turistas citadinos que llegan ansiosos de playa, mar y agua de coco.

 

Para tener acceso a sus playas se necesita cruzar el “rio da madre” caminando, el agua no pasa del pecho o larguisimosa 2 reais el trayecto, en barca manejada por gondoleros ayudados por larguisimos palos de caña. Según los nativos, el nombre surgió del naufragio siglos atrás de un navio pirata que navegaba por la zona. Como estos poseían tesoros se vieron obligados a enterrarlos “guardados embaú” en esa costa. Con los años se fue creyendo esta historia de los tesoros y terminó dando nombre a la actual localidad.

Fue nuestra primera parada del viaje por recomendación y ¡Vaya acierto! Disfruto mucho de este tipo de situaciones donde un amigo cercano y que te conoce te recomienda algo, sea un lugar, un libro, música, comida, … sabiendo de antemano que te va a gustar, como si ese algo llegase con tu nombre grabado. Así me pasó con guarda, que rápidamente escribí en mi cuaderno, en la lista de lugares obligatorios para visitar.

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Aquí sorprendentemente nos esperaba el as de oros anteriormente mencionado, en forma de varón de unos 50 años llamado André.
André en los años 80 había viajado en bicicleta en varias ocasiones uniendo Brasil con Argentina a través de Uruguay. También había hecho varias travesías en kayak. En un perfecto español argentinizado nos contó anécdotas y nos invitó a quedarnos en su casa, repleta de fotografías y recuerdos de sus aventuras. André había sido dentista exitoso en su anterior vida, había tenido un accidente de auto y después de viajar durante varios años decidió establecerse en este pueblo, regentar una posada, que por cierto tenía hasta la bandera y vivir una nueva vida. Nos abrió las puertas de su casa, lamentandose de no tener lugar y solo podernos ofrecer un terrenito para acampar, manifestando que en sus viajes, la gente lo había ayudado en demasía. Como llegamos hasta André y su posada Maktub es una larga historia pero resumamos en esta frase que nos gusta mucho y aplicamos cotidianamente lo querés, lo tenés” o algo así como “el que busca, encuentra”.

En guarda estuvimos 4 días, disfrutando de unas vacaciones ganadas a pulso, con buffet al desayuno y a media cuadra de la playa. Aprendimos a degustar las primeras frutas tropicales y el mejor significado de la expresión “fica a vontade” que tanto escucharíamos posteriormente. Conoceríamos las primeras tormentas y aprenderíamos de mano de un gaucho brasileño a cebar chimarrão, la versión brasuca del mate y con diferente ritual de preparación.
De los días en guarda nos llevamos todas las conversaciones compartidas con André y los suyos y un claro y atrevido mensaje Lo que te enseñan estos viajes es a no ser tan pelotudo -.

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El 30 a la mañana, con un sol que marcaba 32 grados a las 10am y después de desistir por enésima vez la oferta de seguir quedándonos salimos rumbo a Florianópolis. Nos esperaban 46km y el consejo de André de obviar la autopista 101 y pedalear hasta praia do sknho (a 15km) y de ahí cruzar en barco hasta el sur de la isla nos había cautivado. En eso nos enfocamos pero claramente no iba aser todo llegar y besar el santo. Para nuestra sorpresa, la única opción para cruzar sería a las 19hs previo pago de 60 reais. Nuestros relojes marcaban las 12, no quedaba mucha opción más que dejarse cautivar por una playa con 35 grados a la sombra y un mar calmo y transparente.

Ahí mismo y casi sin tener tiempo de apoyar las bicis en una reja, conocimos a Rubia, su hijo y demás familia que muy amistosamente nos invitaron a pasar la tarde de espera en su casa de vacaciones a pie de playa. Como si de una visita de primos lejanos se tratase, volvíamos a sentir la hospitalidad brasileña, de la mejor forma, en el mismo corazón de una familia, y como tenía que ser con comida mediante.

Un poco antes de las 20hs desembarcabamos en el sur de la Ilha da magia (popularmente llamada a la isla de Santa Catarina) en la playa de su último pueblo.

Que bonita experiencia fue cargar las bicis y las alforjas en la barca y cruzar esos 4km que separan del continente. Con la visual de una inmensa tormenta al fondo, que después de una hora sentiríamos en propia piel, nos despedíamos de tierra firme para continuar viaje.

* Lamentablemente mucha de la documentación gráfica de lo narrado se perdió con un fallo tecnológico. Funkandworrebe 🙁

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Nací en La Coruña – España, tengo 35 años y vivo en movimiento desde 2005. Viajo sola, en pareja, con amigos, en familia… He vivido en tantas casas que ni recuerdo.
Desde diciembre de 2014 recorro Sudamérica en bicicleta.
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