“Viajar y cambiar de lugar revitaliza la mente”. Séneca.

Salir de Araranguá fue difícil. Difícil para nuestras piernas que ya se habían acostumbrado a caminar y sentían las vueltas del pedal pero más difícil para nuestro corazón porque había que volver a despedirse. Como colofón final visitamos el parque nacional aparados da serra, el broche de oro a estos días en familia.
El lunes temprano con promesas de volver a encontrarnos seguimos viaje hasta Passo de Torres. Después de 67km una enorme y nueva ciclovía nos daba la bienvenida a este pueblo costero y nos llevaba directamente a la puerta de la bicicletería de Souza.

rio

El destino quiso que parásemos a preguntar por un lugar para pasar la noche y de respuesta obtuvimos la invitación a su propio hogar. Bicicletero y ciclista, Souza daba cobijo (nosotros sin saberlo) a todo aquel que pasase por delante de su negocio encima de una bicicleta. Campeón nato y con un medallero inigualable, su bicicletería parecía un museo lleno de medallas, recortes de periódico, camisetas ciclistas. A la mañana siguiente nos llevó al diario local para que nos hicieran una nota y continuamos viaje con la seguridad de que en Capão (siguiente destino) tendríamos un colega ciclista que nos albergaría esa noche. No fue así, los planes siempre cambian.

7.7

ciclistas

 Todavía no contamos que los días que no cocinamos y estamos en la ruta solemos pararnos en un “lanchonette” y pedimos una “marmita” que es un plato para llevar que trae un poco de todo. Como en Brasil las cantidades son inmensas, una marmita de unos 10-12 reais (2,5 euros) nos llena los dos. Y así, con la panza llena y el corazón contento seguimos haciendo kilómetros a la tarde. Habiendo pedaleado lo suficiente ese día y siendo ya de noche, nuestro supuesto alojante no daba señales. Estábamos en una estación de servicio de un pueblo y los trabajadores anunciaban su cierre en 3 horas. ¿Qué hacíamos ahora?

7.117.12

 

Asis pasaba por allí con su perro y una bolsa recién salido del súper.

– Se pueden quedar en casa le dijo a Gonza.
Nuestros ojos no daban crédito.
Asis, era dueño de un taller mecánico al lado de la carretera. De esos que se construyen a pulmón, madera a madera. Su humilde casa estaba en la parte de atrás del taller. Allí, con una precaria cocina, una tv que no sintonizaba del todo bien y un cachorrito que había sacado de la calle había creado su hogar. Y hoy, nosotros éramos sus invitados.
Asis, como si estuviéramos viviendo un capitulo bíblico modernizado, pero con las esencias humanas y naturales de siempre, abrió la puerta de su casa siendo unos auténticos desconocidos, con la paranoia que vivimos hoy en la que nos hacen creer que ese diferente y desconocido es peligroso a nosotros solo nos quedaba confiar. CONFIAR como primera regla de acercamiento y en nuestro desarrollado sexto sentido conectado con el universo, ese que siempre cuida de nosotros.
Asis esa noche nos hizo la cena, nos cedió su cama y adecentó el baño solo para que nos sintiésemos a gusto. Lo consiguió. Compartimos unas agradables charlas antes de que el cansancio y el sueño nos pidiesen descanso. Esa noche, la paranoia me visitó un par de veces. Para el momento de levantarnos ya había pan del día sobre la mesa con café recién hecho.

cafe da manhahospitalidad

Seguimos camino esta vez por la playa. A esta altura del sur de Brasil, las playas son kilométricas y conectan pueblos. La arena en la orilla es tan dura que se puede andar en bicicleta. Ese día recorrimos más de 30kms esquivando veraneantes con la brisa marina y el océano atlántico como compañeros de viaje. Nos dimos el lujo de tomarnos medio día libre para disfrutar de agua, el sol, la arena…

playa

7.16

Esa noche acampamos al cobijo de la iglesia del pueblo. Al parecer no transmitimos demasiado catolicismo para los párrocos, por lo que no nos abrieron las puertas.

Y seguimos viaje siguiendo la costa, rumbo al sur.

 

 

Nací en La Coruña – España, tengo 35 años y vivo en movimiento desde 2005. Viajo sola, en pareja, con amigos, en familia… He vivido en tantas casas que ni recuerdo.
Desde diciembre de 2014 recorro Sudamérica en bicicleta.
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