estreito

“Como todos los viajeros, he visto más de lo que puedo recordar y recuerdo más de lo que he visto” Benjamin Disraelí

Al pueblecito de Estreito llegamos después de 93km con velocidades ocasionales de 26kms por hora. Es bonito y satisfactorio sentir que el viento te impulsa. Estos últimos tramos del sur de Brasil son grandes llanuras de campo, y de pueblo a pueblo distan bastantes kilómetros. A Estreito llegamos preguntando si en la iglesia o escuela nos podíamos quedar. Amalia, una mujer de unos 50 años con mucha energía, salió rápidamente de una casa a decirnos:

– Pueden quedarse en el galpón que tenemos en casa. Son una pareja, dan confianza.-

Acampada en el patio del cuartel de policía

Viaje en bicicleta por brasil

Y como haber vuelto a la casa materna, así nos sentimos las horas que estuvimos en su casa. Mientras su marido trabajaba, ella ejercía de perfecta anfitriona, cuidando hasta el mínimo detalle: ducha y merienda caliente, ropa lavada, almohadas y mantas para nuestra tienda. No se le escapaba un detalle. No había terminado de sacarme el primer zapato que ya me estaba ofreciendo unas chancletas para no quedar descalza. Un extra de atención que no podíamos creer y que disfrutamos mucho. Amalia y su marido vivían de las cebollas y nos contaron lo difícil que les resultaba salir adelante con la miseria que les pagaban por el kilo de cebolla recogida. El día antes, el sargento Lisboa de la brigada militar de Tavares, nos había contado como con la cebolla se había enriquecido todo el pueblo, incluido él mismo, y así como ganó mucho dinero lo perdió todo. – O inviertes en reses o estás muerto.- comentaba el marido de Amalia.

Eran humildes y compartían lo poco que tenían con mucha dignidad. Cuidaban de su nieto Vitor mientras su madre trabajaba durante la semana en la ciudad cercana. Habían conseguido tener una casa muy acogedora y bonita. Nos sentimos muy a gusto con nuestra reciente amistad.
A la mañana siguiente nos tenían preparada una riestra de cebollas artesanalmente trenzadas, digna de cualquier cocina que nosotros enganchamos a nuestras bicis. Amalia se despedía con lágrimas en los ojos mientras Vitor nos preguntaba si no nos queríamos quedar un día más.

Con Amalia, su marido y su nieto Vitor.

Con Amalia, su marido y su nieto Vitor en la puerta de su casa.

El resto de los días lamentaríamos no habernos quedado un día más con esta familia pero nuestro visado de turista ya había expirado y debíamos salir del país cuanto antes.
Entre São José do Norte y Río Grande está la lagoa dos patos. Sin puente, estas dos localidades se unen mediante unos barcos que cada 30 min parten en direcciones opuestas cargados de autos, camiones y ciudadanos en sus tareas diarias. Allí nos embarcamos con nuestras bicis. Nuestro plan era quedarnos a conocer Rio Grande. Con un centro histórico de estilo azoriano, era de las ciudades más bonitas que habíamos visitado, pero el rechazo de los bomberos para quedarnos en sus instalaciones hizo que abandonásemos la ciudad antes del anochecer y buscásemos un lugar más tranquilo ya en las afueras. Tuvo que ponerse a llover torrencialmente para que unos chicos nos abriesen las puertas de su casa y nos ofrecieran instalarnos en su garaje. A diferencia de lo que vivimos la noche anterior, esta casa tuvimos que dejarla a las 7am a petición de la familia.

San Jose do Norte

San Jose do Norte

En bicicleta por Rio Grande do Sul

En bicicleta por Rio Grande do Sul

la ruta brasileña

En la ruta brasileña

Ya sin lluvia pero con el frescor mañanero que ya tienen estos días de otoño seguimos camino. Atravesamos la reserva de Taim, 20km de naturaleza llena de flora y fauna. Pedalear acompañados de una bandada de pájaros es uno de los privilegios que te da la bicicleta. Pasada la reserva se encuentra la aldea de Taim, un municipio de 10 casas a la orilla de una laguna con un solo camping, vacío debido al término del verano y por un precio irrisorio tuvimos acceso a una casita. En este tranquilo lugar decidimos descansar un día.
Acompañados por muchos camiones con la misma dirección que nosotros, llegamos a Chuy, tras un rápido y simple trámite habíamos salido de Brasil.
Chui o Chuy, depende si es a un brasileño o uruguayo al que consultas, es un pueblo franco, en tierra de nadie. La línea fronteriza oficial atraviesa el pueblo con una avenida llamada internacional que hace que una acera sea Brasil y la de enfrente Uruguay, al tener los puestos fronterizos opuestos a la entrada del pueblo hace que el tiempo que estás en el pueblo no estés registrado legalmente en ninguno de los dos países.

Reserva de Taim, Brasil

Reserva de Taim, Brasil

reserva de Taim Reserva de Taim
Chui es un pueblo que vive para y por el comercio. En sus callen se mezclan los dutyfree con los miles de puestos callejeros donde puedes encontrar de todo. Brasileños que buscan productos de lujo y caros a precios sin impuestos y familias uruguayas con carritos de supermercado repletos de productos repetidos como si de promociones 3×2 se tratase.
Como ciudad fronteriza y comercial también tiene un ambiente de caos e inseguridad como si todo pudiese pasar. Tras la poca ayuda recibida para encontrar un lugar seguro y tranquilo donde acampar por parte de las instituciones uruguayas, decidimos volver a Brasil a pasar la última noche. No sé si fueron nuestras excesivas ganas de llegar a Uruguay, la expectativa de cambiar de país o qué, pero nuestra primera media hora en el país vecino ya nos había defraudado. Volvimos al último posto y compartimos noche, cena y charlas con un matrimonio brasileño y su camión de 45 toneladas de crema. Con él viajarían hasta Santiago de Chile, pero primero tenían que pasar los controles uruguayos. Brasil nos despedía de la mejor forma, acompañados y disfrutando de la calidez de su gente.

9.12 acampada libreSanta Vitoria do Palmar

Frontera Brasil-Uruguay

Matrimonio con el que compartimos la última noche en Brasil en la frontera con Uruguay.

Nací en La Coruña – España, tengo 35 años y vivo en movimiento desde 2005. Viajo sola, en pareja, con amigos, en familia… He vivido en tantas casas que ni recuerdo.
Desde diciembre de 2014 recorro Sudamérica en bicicleta.
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